El olivo aporta carácter mediterráneo a cualquier espacio, pero no todos podemos (ni queremos) cuidar un árbol vivo. Aquí comparamos el olivo artificial con el natural para que elijas con criterio.
Mantenimiento: la mayor diferencia
Un olivo natural necesita luz directa, riego controlado, poda y un buen drenaje. En interior rara vez recibe el sol que pide, y en maceta su crecimiento es lento y delicado. Un olivo artificial no necesita riego, ni luz, ni poda: mantiene su aspecto todo el año sin que tengas que hacer nada.
Realismo: hasta las aceitunas
Los olivos artificiales de alta gama reproducen el tronco nudoso, el verde plateado de la hoja e incluso las aceitunas. A un metro de distancia es prácticamente imposible distinguirlos de uno vivo, y no pierden hojas ni ensucian.
¿Interior o exterior? El tratamiento UV es la clave
Si quieres tu olivo en una terraza, porche o jardín, fíjate en que tenga tratamiento UV: evita que el sol decolore las hojas. Nuestra gama de plantas UV de exterior está pensada para aguantar la intemperie sin perder color. Para interior, cualquier olivo artificial funciona perfectamente.
Tamaño y presencia
El olivo luce especialmente como árbol de suelo. Si buscas presencia, apuesta por modelos de más de 140 cm, ideales para recibidores, salones amplios o zonas de espera.
Entonces, ¿cuál elijo?
Elige natural si disfrutas del cuidado de las plantas y tienes una ubicación con mucha luz. Elige artificial si quieres el resultado decorativo de un olivo sin mantenimiento, en interiores poco luminosos o en exteriores con un buen tratamiento UV.
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